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FAMILIAS BENDECIDAS EN CRISTO - Families Blessed in Chirst

Cuida a tu ESPOSA

CUIDA A TU ESPOSA


Voy a decir algo que con seguridad va a molestar a muchos, pero que cuando se los explique les va a molestar más, y es que a veces cuidamos más lo seguro que tenemos, que lo inseguro.

Me explico: yo siempre digo, no cuides tanto a tu familia, cuida a tu esposa y la gente se sorprende.
¿Pero como que no voy a cuidar mucho a mi familia?

 

¡Es mi familia! Y no..., tu familia, que es tu familia, está segura. Es tu familia, nunca se pierde.

¿Ustedes han oído decir a alguien: «allí va mi ex hijo, allí va mi ex padre»? No, ¿verdad?


Pero han oído mucho, «allí va mi ex esposa».

Entre los padres, los hijos, los hermanos, la familia, lo más seguro que se tiene, no hay ex.
Ellos están allí y por muchos años que duren sin verse, por mucho tiempo que tarden en escribirse o en hablarse, ellos están allí.

Usted no puede decir «aquella señora que va pasando por allí fue mi madre por 35 años».
Ella está allí, ella está segura.

Y es más, les voy a decir otra cosa, de todos los amores, que es tender lazos, de todos los Puentes, el amor más débil que existe es el de esposos.


En los esposos no hay nada.

Por eso hay que darlo todo, para quedarse con algo. Tener una esposa es como cuidar una flor. Si una flor no se riega, se muere, y si se riega mucho, también. Hay que ser un artista para cuidar una flor. Yo no sé cuidar flores, por eso soy cura.

Por eso, el amor de padre, de madre y de hijo es como tener un «cují coriano», nadie los riega, pero está ahí. Eso que llamamos amor eterno se da en papá, en mamá, en un hijo, y en los amigos, que también puede ser un amor eterno.

Pero en el matrimonio es un amor diario, tiene que cuidarse todos los días.


Tengo un hermano en los Estados Unidos que se fue hace más de diez años y duré más de diez años sin hablarle. Nunca le llamé, y puedo decirlo que hasta por descuido. Siempre sabía de él por mamá, y cuando vino por primera vez desde que se había ido, lo fui a buscar al  aeropuerto, y cuando nos vimos el abrazo fue tan fuerte que lloramos de emoción. Allí estábamos.

 

Pero vete de tu esposa diez años a ver qué encuentras. Eso es lo que dice  que el amor en el matrimonio es amor de todos los días. Yo puedo hablar con mi mamá cada semana, una vez a la semana, pero si tuviera esposa la estuviera llamando a cada momento. Y no es que sea bueno o malo, es que  el amor es así. No se quiere a nadie más por no querer al otro.

Por ejemplo, yo comparo el amor de aquellos matrimonios que por alguna circunstancia del destino tienen un hijo discapacitado. No es que no quieran a los otros, pero ellos están seguros. De aquél tienen que estar más pendientes, porque se puede caer, porque a lo mejor no come solo. En cambio, los otros están y los quieren igual, y saben que están ahí.

Si tengo una esposa, ese es el amor discapacitado. De ese tengo que estar más pendiente porque necesita más.

El amor de madre es independiente, el amor de esposos  es dependiente. Ella depende de mí y yo dependo de ella... Estamos unidos «hasta que la muerte nos separe», pero el amor que nos debemos es como el amor de un hijo discapacitado.

 

Después de leer esta reflexión: Medita los siguientes Textos:

1.     Gen 2, 18

2.     Prov 5, 18.

Padre Ricardo Búlmez

Caracas - Venezuela

La PAZ empieza en la Familia

La PAZ empieza en la Familia

LA PAZ EMPIEZA EN EL HOGAR

 

Eclesiástico 30, 13.21

 

 Si alguno de nuestros hijos nos hacen sufrir por su mala conducta, es necesario y más en esos días demostrarles que los amamos: educándolos e instruyéndolos en el camino a seguir, en la verdad como su bandera y en la vida que deben defender.

Como sus primeros maestros nuestros hijos empiezan a vivir estos tres aspectos: Camino Verdad y Vida: en el hogar.

Debemos tener presente que la violencia poco a poco esta entrando en los hogares. Por ejemplo, ¿sabías qué el 25% de las jovencitas en los Estados Unidos son golpeadas por sus enamorados y lo qué es peor, la mayoría de ellas cree que esto es normal?

Al escuchar por la TV noticias lamentables como estas y pensar en todo lo que acontece en el mundo, no puede uno dejar de sorprenderse y preguntarse:

¿Quién puede ser capaz de semejante barbaridad, en qué corazón humano cabe tanta frialdad, quién puede ser capaz de tanta violencia?

 

Desafortunadamente, ésta es una cruda realidad que es vivida en todo el mundo y últimamente en el Perú, nos afecta a todos, y de muchas maneras. Es verdad que la violencia siempre ha existido, pero lo más peligroso ahora, es que se empieza a tolerarla, a aceptarla como inevitable: sin ir muy lejos, sería inusual encontrar una película donde las balas, el sexo deliberado y la cruda violencia no hiciesen su aparición; o algún semanario o periódico donde sea una noticia "policíaca" la que cubre la primera plana. Estamos constantemente bombardeados de pura violencia.

 

Sin embargo, el hombre no está hecho para la guerra, fue creado a imagen y semejanza de DIOS, para vivir en paz. Y esto se puede asegurar porque la historia nos demuestra que el hombre que vive en la violencia se autodestruye Sadan Husein. Lo difícil y complicado del tema es que la paz no se da instantáneamente ni por mandato, no se obtiene sin esfuerzo, ni se compra en un autoservicio, ni mucho menos se pide prestada: la paz nace en el corazón de cada hombre. Y si no hay paz en el corazón, ¿cómo puede haber paz en nuestros hogares, en nuestro país, en el mundo? No nos engañemos se cosecha lo que se siembra; nadie da lo que no tiene.

 

Vivir en paz

Es por ello, que mantener la paz es una obligación de primer orden para todos, pero en especial para nosotros los padres, pues es en el hogar donde se aprende a vivir y construir la paz; es allí donde los padres tenemos la enorme responsabilidad de enseñar a nuestros hijos la manera de comportarse, de tratar a los demás y de resolver los problemas. Juan Pablo II, nuestro Santo Padre nos dice: “El gran peligro para nuestra sociedad es que el hombre ha cerrado su corazón a Dios y se ha vuelto egoísta”.

Es por estar muy ocupados y no preocupados  hemos olvidado nuestra condición de hijos de Dios y nos conformados por ser sus entenados.

Es increíble hermanos, cómo hasta en nuestra pequeña sociedad: la familia, en nuestros hogares, donde existe cariño entre cada unos de sus miembros, puede perderse la paz.

No cabe duda de que la paz es algo muy frágil por lo que hay que trabajar pacientemente todos los días de nuestra vida para conquistarla. Jesucristo en su famoso discurso del monte. Las Bienaventuranzas nos dice: “Felices los que trabajan por la PAZ, porque serán reconocidos como hijos de Dios” Mt 5, 9.

 

Pero antes de lograr la PAZ, debemos aprender a vivir en la paz.

Contrario a lo que muchos creen y piensan, la paz no es la ausencia de la guerra, ni es solamente el respeto a los otros. Jesucristo nuestro Maestro nos hablo de la PAZ y como deberíamos vivir en la PAZ: “Les doy mi paz, les dejo mi paz, no como la que da el mundo, para que no hay en ustedes ni angustias ni miedos”.

Mis queridos hermanos, el mundo con sus fantasías cada día nos cautivan más y mas y a veces por querer tener más perdemos lo poco que tenemos o que hemos logrado conseguir; como resultado vivimos angustiados y muy temerosos. Y olvidamos las palabras de JESUS, que alguna vez quizás leímos en La Biblia o escuchamos en nuestras reuniones de Comunidad de Amor: “animo no tengan miedo soy YO”

 

¡Qué fácil sería y a la vez que peligroso si nosotros los padres sólo tuvieran que respetar a nuestros hijos para poder tener un hogar lleno de paz!:

“Ah, sí, mi hijo quiere tener su cuarto todo tirado, hay que respetarlo”.

“Mejor no me meto en sus cosas y así vivo feliz”

 

La paz hay que vivirla:

 

1.     Al tener un verdadero sentido de justicia.

Cuando, no solamente se reconocen los propios derechos sino también los de los demás. Si reconocemos en nuestros hijos su dignidad como personas. Muchas veces al verlos pequeños, algunos padres nos aprovechamos de ellos y cometemos verdaderos abusos de autoridad.

 

2.     Al enseñar a nuestros hijos a distinguir entre el bien y el mal, y formar en ellos una conciencia recta, a la vez que trabajen por la paz.

Cuando los hijos son pequeños, nosotros los padres somos como una "conciencia externa" de ellos (como Pepe Grillo en el cuento "Pinocho"), de allí la importancia de sus actos y juicios.

 

3.     Exaltar el valor de la vida humana, su dignidad y su derecho.

     Tanto la vida de ellos mismos como la de los que los rodean tienen un inmenso valor, desgraciadamente con tanta apología de violencia (en los medios de comunicación, en el medio ambiente), nuestros hijos poco o nada aprecian este      valor.

 

Pasos para lograr la paz: Formación en Valores 

 

Voluntad.

Muchas veces aunque nuestros hijos no conozcan el bien y el mal, les falta fuerza de voluntad, no han aprendido el hábito del esfuerzo, son hijos "buenos", pero tal vez estos hijos no han aprendido a dominarse, ni a pensar en los demás, ni a sacrificarse, sienten que el mundo gira al rededor de ellos, muchos de ellos se convierten en "tiranos".

 

Exigencia.

A nuestros hijos hay que exigirles, claro que dentro de sus posibilidades, enseñarles a enfrentar los problemas y a esforzarse para resolverlos, que sepan sentirse orgullosos de haber sido capaces de realizar las cosas por sí mismos.

    

Valentía.

Que tengan héroes que inspiren su vida, pero que sean héroes de grandes ideales, porque actualmente a nuestros hijos se les presenta la violencia como forma de heroísmo, necesitan de nosotros sus padres para enseñarles lo que es noble, grande y bueno.

 

Respeto.

Cuidar que nuestros hijos no adquieran la costumbre de tomar las cosas de otro, por muy insignificante que sea el robo, y si estropea algo ajeno, pues hay que reponerlo, enseñarles que las cosas ajenas siempre se respetan.

 

Generosidad.

Es algo que de por sí es difícil cuando son niños, es en esta edad cuando tienden a ser más egoístas, por ello es importante que ellos vean un buen ejemplo: cómo sus padres ayudan al necesitado o al que tiene algún problema (dentro de las propias posibilidades).

Para despertar en nuestros hijos el sentido de generosidad, se les puede acostumbrar desde pequeños a renunciar a algo suyo y compartirlo con algún otro niño.

 

Cortesía.

Gastón Courtois ha dicho que la cortesía "es hija del respeto al prójimo y hermana de la caridad".

El que es cortés sabe que no es el centro del mundo, es una persona que piensa en los demás y en sus sentimientos. El dominio de sí mismo es un elemento que va de la mano con la cortesía.

Un hijo que hace un berrinche porque algo le ha salido mal o porque el hermano le rompió algo y no se le enseña a controlarse, de grande le será muy difícil, si no es que imposible tener control de sus actos y mucho menos respeto por los demás.

 

Orden.

Es un elemento esencial para que haya armonía y equilibrio en un hogar. Cuando hay orden en una casa, hay normas y límites, esto proporciona seguridad a los hijos y les enseña a tener disciplina. En la bandera del Brasil, hay una inscripción que dice: “El orden es progreso”

 

Caridad.

No puede dejarse de mencionar este valor esencial para que haya paz, pues es un elemento que determinará la calidad de la persona y su capacidad para relacionarse con los demás. Buscar el bien personal y el de los demás es justamente lo que trae como consecuencia la paz.

 

La paz es el resultado de muchas actitudes, todas estas fundamentadas precisamente en la caridad, no entendida como limosna, sino como amor.

Gastón Courtois también escribió: "Cuando la caridad domina, la humanidad se engrandece. Cuando el egoísmo reina, la humanidad se rebaja".

Cristo, nuestro Líder, Héroe, Arquetipo, nos enseño que no hay nada mas perfecto que el AMOR, porque el AMOR nunca pasara. 1 Cor 13, 1-8.

 

Qué grande responsabilidad tenemos hoy en día nosotros los papás de enseñar esta virtud en nuestros hijos, en nuestras manos está el que nuestra sociedad sea: justa y pacífica.

Alguien dijo: los hijos que tú tienes no son tus hijos, son hijos de Dios. El te los dio para su cuidado, algún día te los reclamara. ¿Qué hijos le presentaras? Los hijos que queremos y deseamos dependen de nosotros.

 

Que Dios y Maria los bendigan, protejan y los guarden de todo mal y peligro y que juntos trabajen por la PAZ de su hogar, de esta manera contribuirán a mejor un poquito este mundo en el que nos ha tocado vivir por gracia de Cristo Jesús nuestro el Dios y Señor de nuestra vidas.

Soy un convencido que los problemas del hogar vividos en CRISTO, se convierten en el abono, que fertilizara el jardín de nuestro hogar, para convertirlo en un lugar acogedor donde cultivemos las rosas mas fraganciosas con un suave aroma de AMOR y PAZ.

 

Que nada los turbe, que nada los espante, si tienen a DIOS tienen bastante.

Santa Teresa del Niño Jesús

 

 

Feceva

El Amor en la Familia

El Amor en la Familia

EL AMOR EN FAMILIA

 

Eclesiástico 48, 11.

 

Formar a nuestros hijos en la afectividad es ayudarlos a desarrollar su capacidad de amar. El amor se transmite principalmente en la familia.

 

LA FAMILIA

"La familia es una íntima comunidad de vida y amor" cuya misión es "custodiar, revelar y comunicar el amor" con cuatro cometidos generales:

 

Familiaris Consortio (F.C):

·        Formación de una comunidad de personas

·        Servicio a la vida

·        Participación en el desarrollo de la sociedad

·        Participación en la vida y misión de la iglesia

     

Aprender a Amar

La capacidad de amar es resultado del desarrollo afectivo del ser humano durante los primeros años de su vida. El desarrollo afectivo es un proceso continuo y secuencial, desde la infancia hasta la edad adulta.

La madurez afectiva es un largo proceso por el que el ser humano se prepara para la comunicación íntima y personal con sus semejantes como un Yo único e irrepetible; y que debe desencadenarse al primer contacto del niño con el adulto perpetuándose a lo largo de su existencia.

A pesar de que el hombre fue creado por Dios con una capacidad innata para amar, el crecimiento y la vivencia del amor se realiza a través de la experiencia que el hombre va adquiriendo a lo largo de toda su vida. En el contexto individual de cada persona, esta experiencia se ubica en su familia.

En la familia es donde se hace posible el amor, el amor sin condiciones; los padres que inician la familia con una promesa de amor quieren a sus hijos porque son sus hijos, no en razón de sus cualidades. "La familia es un centro de intimidad y apertura".

     

Es en el seno familiar donde cultivamos lo humano del hombre, que es el enseñarlo a pensar, a profundizar, a reflexionar. Es en el ámbito de la familia donde el hombre aprende el cultivo de las virtudes, el respeto que es el guardián del amor, la honradez, la generosidad, la responsabilidad, el amor al trabajo, la gratitud, etc. La familia nos invita a ser creativos en el cultivo de la inteligencia, la voluntad y el corazón, para poder contribuir y abrirnos a la sociedad preparados e íntegros. El amor de la familia debe trasmitirse a la sociedad.

La familia es el primer ambiente vital que encuentra el hombre al venir a este mundo y su experiencia es decisiva para siempre.

"La familia, dice Juan Pablo II, es la primera y más importante escuela de amor". "La grandeza y la responsabilidad de la familia están en ser la primera comunidad de vida y amor, el primer ambiente en donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios".

Todo se relaciona con el misterio del Padre que nos ha creado por amor y para que amemos. Nos ha hecho a su imagen y semejanza, todos somos hijos suyos iguales en dignidad. Para revelarnos su paternidad de amor "nos hace nacer del amor" de un hombre y de una mujer e instituye la familia; ella es el lugar del amor y de la vida, o dicho de una mejor manera: "el lugar donde el amor engendra la vida".

     

Amor conyugal, modelo de amor para los hijos.

"La familia es la primera y fundamental escuela de sociabilidad, como comunidad de amor encuentra en el don de sí misma la ley que le rige y le hace crecer. El don de sí que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comunión y la participación vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegría y de dificultad representan la pedagogía más concreta y eficaz para la inserción activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte más amplio de la sociedad" F.C.

 

Alguien dijo que "se puede procrear fuera de la familia, pero sólo en familia se puede educar", y educar para amar sólo se puede en el ámbito de la familia: amando. El ejemplo es el mejor método para educar; hay una frase que dice "Lo que eres habla tan fuerte, que no oigo lo que me dices". Qué nos ganamos con decir, o pretender demostrar, amor a nuestros hijos, lo que importa es lo que ellos ven en la forma como tratamos a nuestro cónyuge.

Tenemos que entender claramente que no hay nada que eduque más y mejor a los hijos que el ejemplo de amor que ven en sus padres como pareja. Para realmente poder amar a nuestros hijos tenemos primero que amar a nuestro cónyuge.

     

El amor, factor de desarrollo de los hijos

El otro aspecto fundamental de la influencia del amor, dentro de la familia lo encontramos en el desarrollo de la persona, más particularmente, de los hijos.

Cada familia, aun sin pretenderlo crea un ambiente (de amor o de despego y egoísmo, de rigidez o de ternura, de orden o de anarquía, de trabajo o de pereza, de ostentación o de sencillez, etc.) que influye en todos sus miembros, pero especialmente en los niños y en los más jóvenes.

     

CONOCER.

Amar es buscar el bien integral del otro. El que ama y sólo el que ama, conoce bien a la persona amada, porque la conoce no sólo como aparece sino como es por dentro, y más aún conoce "su posible", aquello que puede y "debe" llegar a ser. Como dice Paul Valéry "lo que es más verdadero de un individuo, lo más de él mismo, es su posible, lo que puede llegar a ser".

Partiendo del hecho de que el hombre "es un ser en proceso" pensemos que es en la familia donde más va a avanzar dentro de este proceso. Así podremos valorar la trascendencia de nuestro amor a los hijos. Nuestro amor será responsable de que ellos alcancen la estatura que deben llegar a tener, en todos los aspectos de su persona.

El que ama no sólo conoce lo que la persona amada puede llegar a ser, sino que "le ayuda a ello", le ayuda a que desarrolle todas las potencialidades que tiene y que muchas veces ignora, le ayuda a que sea lo que puede llegar a ser.

     

CONFIAR

La psicología afirma que el afecto estimula el aprendizaje y desarrolla la inteligencia gracias a la sensación de seguridad y confianza que otorga y que se desarrolla lentamente a través de la infancia, la niñez y la adolescencia.

La persona humana que está siempre en proceso de irse haciendo, es un ser con cierta dosis de inseguridad. El que se siente amado experimenta dentro de sí una fuerza que incrementa su seguridad.

     

Sentir la confianza de las personas queridas es, no sólo de gran ayuda, sino en muchas ocasiones "vital".

Confiar no significa hacerse de la vista gorda, consentir, ceder. Confiar significa creer en la persona a pesar de que los hechos estén en su contra.

     

Confiar en alguien implica ser paciente, saber esperar.

¿Cómo podemos infundir confianza en nuestros hijos?

Ayudándoles a que descubran sus cualidades, limitaciones y defectos. Ayudándoles a que desarrollen cualidades, animándoles y aplaudiendo sus logros por pequeños que sean, ayudándoles a que descubran a dónde pueden llevarles sus inclinaciones si no las dominan y sobre todo, haciéndoles sentir nuestro cariño. Para esto necesitamos no sólo paciencia, sino también tiempo.

Lo contrario de la confianza es descargar sobre nuestros hijos nuestro coraje e impaciencia, echar en cara sus torpezas, fallas y malas acciones, sin transmitirles la seguridad que tenemos de que pueden cambiar. El decirles "eres malo" en lugar de "lo que hiciste" es una acción mala.

     

EXIGIR.

Exigir es un ingrediente esencial del amor.

Sólo quién en nombre del amor sabe ser exigente consigo mismo puede exigir por amor a los demás; porque el amor es exigente. Lo es en cada situación humana.

El amor, al que San Pablo dedicó un himno en la Carta a los Corintios, es ciertamente exigente "amor paciente, servicial, comprensivo...".

Amar a los hijos no significa evitarles todo sufrimiento. Amar es buscar el bien para el ser amado en última instancia y no la complacencia momentánea. Es posible que algunas veces por amor a un hijo le generemos una frustración momentánea que en realidad lo prepara para un bien más grande.

     

El amor necesita disciplina.

Citamos a Ignace Lepp, en su libro Psicoanálisis del amor nos dice: "El amor auténtico es el más eficaz creador y promotor de la existencia.

Si tantas personas - bien o mejor dotadas - siguen siendo tan mediocres, se debe a menudo, a que nunca han sido amadas con un amor tierno y exigente"

     

Trascendencia del amor

El amor auténtico vivido en la familia debe alcanzar a la sociedad, la familia debe salir de sí misma y compartir esta vivencia profunda del amor entre ellos que es un reflejo del amor de Dios Padre.

Los Apóstoles comprendieron que el matrimonio y la familia es una verdadera vocación que proviene de Dios, un apostolado, el apostolado de los laicos. Estos ayudan a la transformación de la tierra y a la renovación del mundo, de la creación y de toda la humanidad.

A este respecto el Papa Juan Pablo II en la Carta a las Familias nos dice:

"Queridas Familias: vosotras debéis ser también valientes, dispuestas siempre a ser testimonio de la esperanza que tenéis por que ha sido depositada en vuestro corazón por el Buen Pastor mediante el Evangelio.

Debéis estar dispuestas a seguir a Cristo hacia aquellos pastos que dan la vida y que Él mismo ha preparado con el misterio pascual de su muerte y resurrección."

     

El amor en la familia tiene dos cometidos fundamentales:

1.     Enseñar el amor, aprender a amar. Revelar, custodiar y comunicar el amor, y proyectarlo a la sociedad.

2.     Ayudar a cada uno de sus miembros, especialmente a los hijos, a que desarrollen todas sus potencialidades, que lleguen lo más cerca posible, ha lo que deben llegar a ser, que alcancen la vocación a la que han sido llamados por su Creador.

 

Enseñemos a nuestros hijos que DIOS es AMOR, ayudémosle a desarrollarse y a realizarse como personas y aprenderán no a ser los primeros, si no los mejores hijos de Dios y nuestros.

 

Feceva

 

Matrimonio y Familia

Matrimonio y Familia

EL MATRIMONIO y LA FAMILIA

 

Gen 1, 27-28.

“Y creo Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creo. Macho y hembra los creo. Dios los bendijo, diciéndoles: Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Manden a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal  viva en la tierra”

 

En el Matrimonio y en la Familia es muy importante llegar a valorarnos como seres creados por Dios.  El hizo distintos al hombre y a la mujer y tienen diferentes modos de percibir y de transmitir lo que reciben del exterior. Por lo general el hombre manifiesta más su actitud de fuerza en su voz, en sus gestos, en sus deseos de dominio. La mujer tiene una naturaleza más suave y tranquila. Tiene capacidad para transformar las realidades más duras que ella recibe en expresiones más dulces y amables.

 

Pero hombre y mujer son como un solo ser, una sola fuente de donde brota el agua de la vida y del amor, que dan belleza y calor a este mundo. No han sido llamados por Dios para formar solo un hogar chico y cerrado. Si los dos son imagen de Dios, tienen que cumplir su voluntad, que es hacer de este mundo un hogar más feliz, donde haya vida, justicia, igualdad, paz y libertad para todos.

La Palabra de Dios no admite que la mujer sea menos que el hombre. Dios no creo al hombre para mandar. Ni creo a la mujer para que a todo diga “si”, como si fuera una esclava. El hombre y la mujer, representan el rostro de Dios y en ellos se puede ver como es Dios. Hermanos, en cada persona encontramos una: Imagen de Dios”. Esto es lo que le da un valor extraordinario a cada hombre  y cada mujer.

 

Frente a todas las falsas promesas de este mundo, los catolicos debemos procurar ver lo bueno que el nos ofrece, muy a pesar de sus farsas y penalidades, el mundo sigue siendo todavía hermoso, porque fue creado por Dios para deleite del hombre. Tenemos que reconocer: Que Dios ha derramado sus bendiciones sobre el mundo y principalmente sobre nuestros hogares (Salmo 128) sobre las Comunidades de Amor.

 

Gen 2,18. 22-24.

Después dijo Yahvé: No es bueno que el hombre este solo. Haré pues un ser semejante a El para que lo ayude. De la costilla que Yahvé había sacado al hombre, formo una mujer y la llevo ante el hombre. Entonces el hombre exclamo: Esta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamaba varona porque del varón ha sido tomada.

Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a un mujer y son los dos una sola carne.

 

La mujer y el hombre, al ser dos, forman una comunidad. Si los dos son imagen y semejanza de Dios, tienen que brillar y hacerse presente en los dos el amor generoso de Dios. Donde hay amor, hay vida y porque tenemos una vida, estamos llamados a hacer de ella un acto de amor.

 

Esto quiere decir que en el matrimonio, estamos llamados a vivir este misterio que Dios pone en nuestras manos nuestra propia felicidad para saber amarnos. En nuestras manos esta la unión matrimonial. Esta es una tarea común que el Señor Jesús nos da cuando nos bendice en el matrimonio: Que afiancemos día a día nuestra unión como matrimonio y esa será la alegría eterna del Reino de los Cielos en nuestro hogar.

Hermanos Dios esta en la confianza, en la prueba, en la alegría, en el dolor, en los sufrimientos que se comparten, en las luchas, en la cruz de cada día. Con El hay animo y alegría en el amor porque que Dios esta presente y actuante en cada uno de nuestros hogares.  

Al igual que la semilla necesita el sol para convertirse en flor, el matrimonio necesita del amor para convertirse en hogar, dulce hogar.

 

El derecho más elemental, más fundamental, es el derecho al amor, el derecho a alguien que te ame.

Necesitamos siempre del calor de un gran amor para llegar a ser buenos esposos. 

El matrimonio no es una invención de los hombres. Es un invento de Dios para que juntos y  unidos vivan el Amor. Dios es amor.

Yo creo en el Amor, lo recibí de dos seres fantásticos que he conocido, mi padre Andres y mi madre Elva. Creo en Dios por que me ha regalo una esposa y dos hijos maravillosos y de ellos alimento el amor que recibí de mis padres.

En el hogar, más que por tu boca, el amor hablara por la suavidad de tus manos, por la ternura de tu cara y la atención de tu corazón de madre.

 

En el Matrimonio, es el amor y solo el amor que permite que los conyuges crezcan y  juntos formen una comunidad. Solo asi se pueden soportar mutuamente por amor.

Salamanca, 10 de Junio del 2008.

De la Familia junta a la Familia unida

De la Familia junta a la Familia unida

DE LA FAMILIA JUNTA A LA FAMILIA UNIDA

Hace unos años, en un estudio realizado en México, todas las personas que participaron en grupos de trabajo por todo el país, coincidieron en señalar que para ellos el valor principal que justifica cualquier sacrificio es tener una "familia unida" donde reine el amor.

Sin embargo, en el mismo estudio también se constató que la mayoría de las personas vive en un modelo de "familia junta" donde las relaciones se entablan en función de la utilidad y los intereses personales, y no sobre la base del amor. Incluso algunos, no pocos, reconocían que vivían una situación de "familia rota", donde de hecho ya no había prácticamente ninguna relación. Muchos afirmaban que del amor al rencor, la mayoría de las veces hay un pequeño paso y basta un suceso insignificante para destruir todo lo que parecía haberse construido en mucho tiempo.

Quizás estas observaciones de campo sirven para apoyar una idea que actualmente circula por todas partes: la familia está en crisis. Todo el mundo lo dice, pero ¿en qué consiste la crisis de la familia?

En primer lugar, hay que decir que la crisis de la familia es consecuencia de la crisis que sufre el matrimonio porque, como dice sabiamente la constitución italiana: "La república reconoce los derechos de la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio". La familia se funda en el matrimonio, pero la nueva concepción de la sexualidad que reina en nuestra sociedad parece haber roto el ideal de matrimonio que vivieron nuestros padres y abuelos. Sin embargo, hay algo más.

Se puede decir que la crisis de la familia es, sobre todo, una crisis de las funciones de la familia. La sociología tradicional distingue dos tipos de funciones de la familia. Por una parte, sus funciones institucionales: la función biológica (transmitir y acoger la vida humana), la económica (proveer los bienes materiales necesarios para la subsistencia), la protectora (ofrecer seguridad contra los riesgos de la existencia), la cultural (transmitir los valores y tradiciones ético-sociales), y la función de integración (introducir al individuo en la sociedad y ejercer un control sobre él).

Por otra parte, están las funciones personales de la familia, que consisten en dotar de afectividad e integración a la relación entre marido y mujer (función conyugal), entre padres e hijos (función parental), y entre los hermanos (función fraternal). El buen cumplimiento de estas funciones personales estaría detrás de lo que los mexicanos del estudio llamaban una familia unida, y todos veían en ella el mayor ideal de felicidad que se puede tener en esta vida.

Desgraciadamente, solemos conferir demasiada importancia a las funciones institucionales en perjuicio de las personales, y encontramos fenómenos como el del padre ausente - cuya única función es proporcionar sustento económico a la familia -, o el de la madre excesivamente rígida pero poco afectiva, que producen desequilibrios en las relaciones personales. Otro grave problema es la ruptura de la relación matrimonial, que causa alteraciones de las relaciones paterna y materna con un "efecto dominó".

En un reciente estudio publicado en Estados Unidos sobre el efecto de las rupturas matrimoniales en los hijos, después de muchos años de investigación, se desprendía una conclusión final: el peor matrimonio es siempre mejor que el mejor divorcio. Detrás de esta afirmación aparecía una amplia muestra de problemas afectivos y psicológicos en los hijos de familias rotas. La conclusión equivocada de este estudio podría ser: entonces, no es tan malo tener una familia junta, al fin y al cabo siempre resulta mejor para los hijos que una familia rota. Pero este conformismo significa dar el primer paso hacia la "familia rota", porque se deja de poner el esfuerzo real de atención constante que requiere la familia unida.

Sí, la familia unida requiere un esfuerzo constante o, mejor dicho, una atención constante por cultivar continuamente las funciones personales de la relación familiar. Esta atención comienza desde antes de elegir a la pareja; de hecho, ahí se juega la mayor baza que después será muy difícil corregir. Siempre es útil un consejo fundamental: a la hora de casarse conviene fijarse más en las funciones personales que en las institucionales.

Quizás el problema está en que, lo que en teoría consideramos el principal valor - la familia unida -, en la práctica queda relegado a una de las responsabilidades menos prioritarias de nuestra vida. Ponemos primero la utilidad y luego, el amor. Pero el amor es como los idiomas, que si no lo cultivas cada día, se olvida. El amor requiere una entrega sacrificada cada día, cada minuto, cada segundo; si no, se debilita y muere.

¿A QUÉ CAUSAS SE DEBEN LAS FRACTURAS EN LA LEALTAD MATRIMONIAL?

A veces se culpa la independencia de la mujer actual. No creo que sea el problema de hoy. Al contrario, es una suerte que exista, porque sólo quien es interiormente libre e independiente puede amar y entregarse verdaderamente a los demás. Voy a enumerar brevemente algunas dificultades:

1.      Dos personas se casan hoy, en general por simpatía y amor; es decir, por motivos subjetivos y menos objetivos. Esto es muy bueno e ideal, si no se dejan completamente de lado los aspectos objetivos como la cultura, la forma de ver la vida, etc. Casarse por amor, me parece que es la única razón aceptable para contraer matrimonio. Sin embargo, hoy en día, no es raro que falten casi todos los motivos objetivos. En este caso, la fidelidad matrimonial es sumamente difícil. Porque cuando se acaba el amor, cuando llega la monotonía cotidiana, hay que perseverar sin un entorno exterior que sostenga.

2.       Muchas veces los esposos tienen distintos campos de acción, ya sea en la familia, en la profesión fuera del hogar. No se ven durante muchas horas del día. Sin embargo, tienen contacto con otras personas, hombres y mujeres, y con ellos comparten sus intereses y planes profesionales. Cuando vuelven cansados a casa, ya no tienen fuerzas para dialogar o hacer planes y esto genera una distancia entre los esposos.

3.      Al mismo tiempo, la opinión pública y las costumbres occidentales no protegen el matrimonio. Incluso se puede decir sin exagerar que se hace propaganda a la infidelidad.

 

 

¿Qué facilitaría que el matrimonio sea feliz en el transcurso de los años?

Claro que no hay recetas fijas, pero podemos reflexionar un poco sobre lo que puede facilitar la vida cotidiana.

1.      Amor decidido. Si al contraer matrimonio los cónyuges son conscientes de que toman una decisión para toda la vida y tienen la firme voluntad de permanecer unidos hasta el final, pase lo que pase, en tiempos de sol y de lluvia, de nieve, hielo y tormenta, entonces pueden desarrollarse libremente, en un clima de seguridad y de confianza. Conviene perder el miedo a las crisis. Conflictos y divergencias de opiniones existirán siempre allí donde varias personas viven en estrecho contacto. Lo decisivo es la actitud que se adopta ante aquellas situaciones difíciles, aprovechar la oportunidad de estrechar los lazos de unión superando juntos las dificultades. A menudo, la disposición de perdonar es la única esperanza en el camino hacia un nuevo comienzo. Con los años un cónyuge va amando más al otro porque quiere amarle, porque se ha decidido por el otro de por vida y está dispuesto a soportar desilusiones.

2.      Respeto mutuo. Hoy en día el hombre y la mujer se encuentran en el matrimonio uno junto al otro con la misma dignidad, la misma altura, los mismos derechos y deberes. A veces, existe mucha independencia social y económica y, a la vez, una gran dependencia afectiva. Pero sólo aquel que es interiormente libre y autónomo puede entregarse a los demás. Por tanto, hay que reconocer la necesidad de mantener una sana distancia en el matrimonio. La vida en común no debe convertirse en una atadura o cárcel que restringe la libertad del otro. Un cónyuge no puede quitar al otro la posibilidad de desarrollarse y llevar adelante iniciativas propias; para llegar a una profunda unidad es necesario seguir siendo dos personas individuales. No se ama al otro, mientras no se la ama en sí mismo. El tú no es la prolongación del yo, él tú es el misterio del otro que pide ser afirmado en sí mismo.

3.      Apertura a la vida. Un matrimonio verdaderamente feliz descubre continuamente nuevos horizontes, está abierto a otras personas, también a una futura descendencia. Tiene el valor de transmitir la vida, de conservarla, de amarla y de velar por su desarrollo. Pero si la unión sexual se entendiera exclusivamente como la procreación, se denigraría al cónyuge al tratarlo como un simple medio. En cambio, si están integrados en el amor matrimonial tanto el deseo de tener hijos como la búsqueda de la unión sexual, se puede considerar conseguida la relación.

4.      Sentido del humor. Sebastianne Chamfort tiene una frase que es muy importante para la vida cotidiana de la familia: "cuando hayas estado un día entero sin reír, habrás perdido totalmente ese día". El que tiene sentido del humor puede olvidarse de sí mismo y de este modo está libre para los demás. Tendemos a plantearnos problemas existenciales por cosas insignificantes y esto afecta a las relaciones. Debemos esforzarnos por no contemplar las múltiples cosas pequeñas de la vida desde su aspecto negativo. Cada cosa tiene dos caras y vale la pena centrar la vista en aquella cara de la que podemos reírnos a gusto o al menos sonreír.

Mucha gente llega a otra conclusión: ya no quieren casarse porque no quieren llevar una vida de engaño, y tampoco quieren tener las complicaciones de un divorcio. Prefieren vivir algún tiempo juntos. Si van bien, se pueden casar y si van mal, se separan sin grandes problemas y desventajas económicas...

Vivir en una relación abierta, de hecho, es mucho menos atractivo de lo que parece. Si se declara que no es necesario casarse, con frecuencia se llega a exterminar, de un modo muy sutil, el amor entre el hombre y la mujer. Cuando dos personas viven juntas sin casarse, en algún rincón de su corazón queda un resto de desconfianza. Es como decirle: "yo te quiero hoy. Pero no sé si te querré mañana (o dentro de diez años) y por eso prefiero no meterme en líos". Las relaciones abiertas traen consigo muchas frustraciones y decepciones, el amor se enfría con la falta de confianza.

La familia y también el matrimonio pertenecen a lo que la naturaleza humana pide. Cuando digo matrimonio me refiero a una relación estable permanente entre un hombre y una mujer que da seguridad y confianza. Me gusta compararlo con un muro, construido alrededor de una gran plataforma, en la cumbre de un monte alto y escarpado. Gracias a ese muro, los niños pueden correr en la plataforma con toda libertad, pueden hacer sus juegos más salvajes, saltar y bailar, sin peligro alguno de caída. En cambio, cuando falta el muro, uno sólo puede moverse lentamente, con cuidado y miedo de perder la integridad. Disminuye la alegría de moverse, de emprender grandes cosas y comerse el mundo.

En época de dificultad, ¿cómo se replantea la fidelidad?

El matrimonio, vida común indisoluble, es la mejor garantía para la felicidad de la familia. El matrimonio lleva a una felicidad mayor que el amor espontáneo; éste puede ser muy apasionante pero queda inmaduro si huye de la entrega definitiva. Es un desafío mantenerse unidos uno al otro, también en tiempos de crisis o de poca comprensión. Todo matrimonio pasa por tiempos de crisis, igual que toda persona humana, cuando crece experimenta sus conflictos de desarrollo. Es muy normal que haya momentos duros en la vida. Uno puede notar monotonía, desazón, quizá la falta de una plena realización profesional; ve que los planes se derrumban y que los hijos son muy distintos de lo que deseaba. A veces, con los años aparece el remordimiento de no haber dado al otro todo lo que requería... Pero, toda crisis trae consigo un cambio, y puede ser hacia una madurez mayor, hacia una confianza más plena. El día de la boda no es la última estación, sino al contrario, es el comienzo de la verdadera aventura de la vida del amor. Si se tiene la conciencia clara de que el matrimonio dura hasta la muerte, entonces se esfuerza uno mucho más para hacer de él una empresa atractiva.

¿Bastan los deseos de fidelidad?

Todos conocemos muy bien las debilidades y flaquezas de nuestra naturaleza: hoy sentimos gran pasión por una persona; mañana quizá, por otra. Por eso, no bastan los deseos de fidelidad. Hace falta llegar a una alianza objetiva: comprometerse también cara la sociedad, con implicaciones jurídicas, lo que se traduce en este caso en contraer matrimonio. Esta alianza, hecha exteriormente hacia fuera, es una protección del amor. Es decir a la otra persona: "Yo te quiero verdaderamente, y siempre quiero quererte. No sé todo lo que pasará a lo largo de mi vida. A lo mejor, hay tentaciones y conflictos. Pero tengo la voluntad de superarlas y para probártelo te doy una promesa oficial".

Salamanca, 10 de Junio del 2008. 

Crecer en Familia

Crecer en Familia

CONSTRUYENDO LA FAMILIA

“Si el Señor no construye la casa en vano trabajan los albañiles”

Sal 126, 1

 

La tarea fundamental de los hombres es: Construir familias felices.

 

Familia: Equipo de ayuda mutua. Todos deben aportar lo mejor: la alegría, la ilusión de vivir, el amor y la fraternidad, el equilibrio, la espiritualidad.

 

Nos alegramos que en nuestro PAIS existan muchas familias que están siendo transformadas por Cristo actuando poderosamente en ellas, dándoles un nuevo sentido a sus vidas. Y mucho mas por tener a RADIO MARIA, mas que una RADIO una BENDICION. 

Es un medio poderoso de EVANGELIZACION. Nuestro agradecimiento al Padre Stefano Director de Radio Maria por habernos concedido un espacio los dias domingos: "Familias Bendecidas en Cristo", el cual sale al aire cada 15 dias en el horario de 07.00 p.m. a 08.00 pm.

Nuestra preocupación es: "La mies es mucha, los obreros son pocos". Frente a esta realidad somos conscientes que hay mucho por hacer y necesitamos unirnos todos los Movimientos que trabajamos por La Familia, como lo es BODAS de CANA y salir en defensa del Matrimonio y la Familia. De esto se desprende que la tarea fundamental de todos los hombres es: "Construir Familias Felices" una Familia feliz es una "Familia Bendecida por Cristo".

Muchas familias no son verdaderos hogares en los que es posible una convivencia abierta, agradable, enriquecedora: hay familias “pensión”, en las que cada miembro lleva “su” vida: hay familias “cuartel”, donde impera la rigidez y el autoritarismo; hay familias “oficina”, donde solo hay tiempo para el trabajo; hay familias “teleadictas”, en las que cada uno trata de llenar su incomprensión, su vació, su aburrimiento.

Que puede haber más absurdo que una familia desunida. Si la familia no funciona como un equipo de ayuda mutua, si no se solucionan juntos los problemas individuales, la familia no tiene sentido de existir.

 

No es el mundo el que esta en decadencia. Pues ni la corrupción, ni la delincuencia, ni la prostitución, ni la droga se han sembrado en la calle. Todo aquello a lo que tememos tiene su origen en el seno de la familia.

Son las familias las que decaen, y cuando pierden su esencia, el hombre se autodestruye irremediablemente.

El edificio del matrimonio y la familia se construye con los materiales del conocimiento mutuo, del respeto, del aprecio, de la comunicación, de la comprensión, del apoyo, del  perdón. Es todo un trabajo, una responsabilidad y una gran paciencia.

 

La familia amenazada

«El futuro de la humanidad se fragua en la familia», ha recordado en diversas ocasiones el Papa Juan Pablo II. A la luz de los inmensos problemas del mundo actual qué certero resulta este juicio del Santo Padre, recogido por el documento de Santo Domingo. Este planteamiento no es otra cosa que una manera positiva y realista de aproximarse a un hecho que resulta capital: la decadencia, subdesarrollo, crisis, o desorientación de un pueblo o una nación, está estrechamente ligado a la suerte de la familia.


En los últimos tiempos se ha visto cómo ha crecido la amenaza a la familia. Al estar la familia amenazada es todo el futuro de la humanidad el que se encuentra en peligro. La Iglesia sabe bien que lo que está en juego, en última instancia, es el ser humano mismo. De ahí el valor social de proteger la familia.

En el corazón de toda esta preocupación está la persona humana, la única creatura que Dios ha querido por sí misma. Debe tenerse en cuenta, al hablar de la familia, que ella no es un fin en sí misma. La familia debe ser camino y medio de desarrollo y plenitud, santuario de la vida.

 

LOS DESAFÍOS DE LA FAMILIA

Tenemos que tomar conciencia que la Evangelización de la familia encuentra muchos obstáculos:

a.     Se trata de una lucha contra el mundo que no ha reconocido a Cristo Jn, 1, 10-11.

b.     Un mundo lleno de concupiscencias, que pone en práctica todas sus fuerzas para rechazarlo. 1 Jn 2,15

c.      Un acusador que se aprovecha de todas nuestras debilidades para tentarnos y hacernos caer en tentación. Mt. 4,1

 

Entre los principales desafíos a la familia encontramos:  

a.     Se desconoce que el matrimonio y la familia son un proyecto de Dios.

b.     Equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí.

c.      Las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos.

d.     La crisis de valores morales afecta cada vez más a más familias, síntomas de una sociedad enferma.

e.     Cada vez son más numerosas las uniones libres.

f.      Se acentúa día a día la violencia familiar.

g.     El sensualismo desenfrenado y el consumismo, alimentados por los medios de comunicación social deterioran los valores de la familia.

h.     El aborto, el terrorismo que crean una cultura de muerte.

i.       El desconocimiento de los medios lícitos para regular la natalidad admitidos por la Iglesia.

j.      Una juventud que en medio de una grave crisis económica y recesiva, se hunden en la desesperanza, que es un caldo de cultivo para el alcoholismo, la drogadicción

k.     La facilidad con que los matrimonios se divorcian.

l.        Hijos traumados,  que sufren porque se sienten solos, indeseados, no amados, rechazados.

 

FAMILIA EVANGELIZADORA

a.   Una familia evangelizadora debe reconocer que todo lo que tiene ha sido dado por Dios, el cónyuge, los hijos, la comunidad, las cosas materiales, etc. todo... Ef. 5, 20

 No sólo debe vivir con gozo por lo que le conoce a Dios, sino más por que El los conoce y ama. Debe vivir siempre  agradecida, porque él los llamó para trabajar en la viña del Señor y porque les guarda un lugar especial allá en su Reino.

 Debe dar gracias por todos los dones recibidos y más aún porque los puede compartir con alegría y mucho amor, tanto los bienes materiales como espirituales.

 

b.   La familia evangelizadora es testimonio de que Jesucristo actúa en ella, siembra en los hijos la fe y los hace participes de la exigencia apremiante de proponerla a todos sin temor, es más con gran confianza y esperanza, aún sabiendo que la buena nueva "conoce el lenguaje de la cruz".

 Porque a través de ella es como la familia puede llegar a la plenitud de su ser y a la perfección del amor.

 Ese descubrir a CRISTO, la perla preciosa por la que hay que dejarlo todo, ese tesoro hay que hacerlo conocer, por ello hay que cultivar en los hijos el deseo de ser misionero del amor de Dios.

Ellos deben testificar como la gracia de Cristo, transformó sus vidas y la fuerza del Espíritu Santo los alienta y los mueve a no ser indiferentes ante tanto ataque que sufre la familia y la familia evangelizadora goza cuando uno de sus miembros responde al llamado de Dios para cumplir la misión que El les encargue.

 

c.  La familia evangelizadora es desprendida por excelencia, siguiendo el ejemplo de Dios que nos dio a su hijo para salvarnos y redimirnos, la familia evangelizadora da sus hijos al mundo para que conozcan al único Dios que los liberará de todas las esclavitudes y temores.

 

Salamanca, 10 de Junio del 2008.

Feceva.